Pues eso, ¿En qué destaco? Y tú, ¿En qué destacas tú?. Todos conocemos
nuestras virtudes, al menos en gran parte, al igual que nuestros defectos. Pero
una simple oración de 3 palabras puede ser una de las preguntas más difíciles
de responder por uno mismo.
Pero vamos a contar la historia desde el principio, por eso de llevar un
orden lógico al narrar la historia. Todo empieza el jueves de la semana pasada,
cuando mi profesora de inglés nos pide crear un monologo explicando en que
destacamos cada uno de nosotros. Este debe durar un mínimo de 3 minutos y
parece que todo el mundo tiene claro cómo hacer el trabajo, todos menos yo. Así
que inocentemente levanto la mano y pregunto:
-¿Y si no destacamos en nada?
Noto como la cara de la profesora cambia y supongo que en los años de
trabajo nunca habían formulado esa pregunta.
- Si queréis podéis contar un día especial para vosotros. La idea es que habléis
de vosotros durante 3 minutos y en ingles.- me contesta con tranquilidad.
Supongo que era un cambio legítimo de tema, pero yo ya tenía la pregunta en
la cabeza "¿en qué destaco?". La respuesta por otro lado es clara y
despeja la duda con una sola palabra: Nada, no destaco en nada.
Teniendo en mente que es una respuesta simple y sencilla, el sábado, cenando
con M y P les cuento la historia de la clase de inglés, como buscando ayuda
para encontrar una respuesta que me convenza. A M siempre se le ha dado bien
aconsejarme, nunca falla.
Después de contar la historia P se echa a reír como si hubiera acabado de
contar el mejor chiste de mi vida y me dice:
-Joder macho, tuviste que dejar a la profesora planchada. Si llego a estar
en tu clase te juro que me levanto y te aplaudo.
-No, en serio, no destaco en nada. Soy completamente mediocre.
-Bueno pues ya sabes, eres perfectamente mediocre. Está lo mejor, lo peor, y
justo en el medio estás tú.
En ese momento me sale una carcajada por lo absurdo de la idea. No es que no
destaque, es que soy el equilibrio justo entre destacar y ser nulo. Podría ser
peor.
En ese momento M me dice:
-Tienes muchas virtudes y cosas en las que destacas, pero si tuviese que
destacar una, sería el humor que le pones a todo y como gracias a eso superas
tus dificultades. Dificultades por las cuales otra gente acaba hundida.
M ha vuelto a dar en el clavo, pero yo aún no me he dado cuenta. Entonces le
contesto.
- No me convence, yo soy así, no es destacable. Además ¿ Qué quieres,
que de una charla para que todo el mundo llore?
Nos vamos del restaurante y a dormir.
Al día siguiente sigo dándole vueltas a la idea, pero con otro prisma.
Empiezo a pensar en que destaca la gente que me rodea o me ha rodeado alguna
vez. Mi compañero de clase Mí, escribe muy bien. Pero el no cree
destacar. Lo hace porque lo siente, Mi amigo músico, dirige coros con 2 años
menos que yo y toca 3 instrumentos y tampoco cree destacar.
Luego de repente me viene a la cabeza gente que me ha admitido creer
destacar sobre otros, y coño, todos tienen un factor común: El egocentrismo vacío.
Todos creen ser mejores de lo que la gente les reconoce. Y si solo ves tu algo
igual es que no estas en lo correcto.
Hay un caso concreto que me viene a
la cabeza, y estoy seguro de que a M le vendrá también cuando lea estas líneas.
Una antigua amiga, (aunque supongo que ese es un adjetivo muy permisivo por mi
parte) aseguró ser capaz de hacer mejor el trabajo de mi hermana sin haber
estado en su posición en ningún momento.
¿A donde voy con todo este párrafo? M tenia razón. Cuando realmente
destacamos en algo, lo tenemos integrado en nuestro ser, y esos talentos nos
parecen tan inherentes a nuestro ser que no le damos importancia a tenerlos si
no a usarlos para algo positivo. La gente que presume de las cosas en las que
destaca debería aplicarse el refrán ese que dice "Dime de que
presumes y te diré de que careces”.
Si tuviera que destacar algo de M es que nunca falla. Gracias otra vez.