sábado, 12 de marzo de 2016

Fábulas



Hay una leyenda cherokee que habla de que dentro de nosotros tenemos  el espíritu 2 lobos : el bueno y el malo. Estos están en una lucha constante y gana el que mas alimentamos. Al que mas cuidamos.

Esto no deja de ser una alegoría de nuestra vida habitual. Todo aquello en lo que pongamos esfuerzo florecerá, y lo que abandonemos, pues quedará como lo dejemos. El caso es que estas historias que no dejan de ser fabulas, se crearon para que tanto niños como adultos aprendieran cosas básicas de la vida por medio de historias.  Por lo general, estos aprendizajes se suelen cumplir. Por lo general.

El caso es que hay una fábula muy curiosa, la de la cigarra y la hormiga. La hormiga era trabajadora y se dedicó durante las diferentes estaciones a recolectar comida para pasar el invierno, mientras que la cigarra disfrutaba de la vida contemplativa.  Cuando llegó el invierno la hormiga tenia comida y la cigarra tuvo que pedirle comida a la hormiga porque no tenía. Y la hormiga lo mandó a la mierda.  La moraleja es sencilla: curra ahora y ya disfrutaras luego.

El problema de aplicar esta fábula a la vida real es que no hay una hormiga y una cigarra, hay muchas de ambas.  Normalmente gustamos de compartir los frutos de nuestro esfuerzo con otros porque básicamente somos animales que acostumbran a vivir en sociedad.  Y aunque no fuera así, hay cigarras que no hacen de su vagancia algo tan evidente como en el cuento.

Hoy he aprendido una cosa muy importante, cuando inicias un proyecto debes compartir los frutos con la gente que lo apoye y se vuelque en el contigo, con las hormiguitas que valoren tu trabajo, y no con las cigarras que se aprovechen de el.

Porque la fina línea entre apoyarte y sacar provecho de algo tal vez sea difícil de percibir pero una vez que veas que eso pasa deberías cerrar la puerta a las cigarras y que se mueran de frio y hambre. Guardad lo recolectado para compartir con el resto de hormiguitas.  Que la cigarra se busque la comida como lo ha hecho la hormiga.
Gracias otra vez,
Kraven.

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